ÁRBOLES SINGULARES
¡PERO CÓMO SE PUEDE HACER UN LIBRO TAN BONITO!
Javier Marquerie
04/02/26
¿Cuántos libros que tratan árboles destacados ibéricos se han editado? ¿Hay alguna comunidad autónoma que no haya publicado su catálogo de árboles especiales? Sin ir más lejos, el autor del texto de este volumen, como se puede ver en la bibliografía que se encuentra en las últimas páginas, ha escrito no menos de cinco libros sobre árboles notorios. ¿Hacía falta un título más sobre el mismo tema? Sí, definitivamente publicar este libro era totalmente necesario.

Pero empecemos por el principio: Anaya Touring y su colección Libros Únicos/Guías singulares. El catálogo que presenta la editorial bajo ese epígrafe es, digámoslo así, ecléctico. Con un concepto muy abierto de “viajar”, en la página web de la colección puedes encontrar un volumen de acuarelas de Florencia y, justo al lado, el listado definitivo de los festivales de música de España. Es solo un ejemplo de lo que ofrece. Pero en esa amplia visión, además de una interesante cantidad de títulos sobre “otros” tipos de viajes, nos topamos con autores probablemente conocidos por los lectores de El Vuelo del Grajo: Eduardo Viñuales Cobos, Carlos de Hita, Javier Gómez Aoiz… Solo estos nombres ya deberían ser suficiente para prestar atención en esa dirección. Ahora hay que añadir a la lista a César-Javier Palacios y a Nacho Sevilla, autor e ilustrador, respectivamente, de Árboles singulares.
¿Pero cómo se puede hacer un libro tan hermoso?
Está claro que las muchas tablas y buen hablar y escribir de Cesar-Javier y la sensibilidad y excelente técnica de Nacho son buenos cimientos para editar lo que haga falta. Pero hay algo más. Cuando he ojeado otros libros de similar temática, nada me ha invitado a leerlos, más allá de lo que se limitaba a lo que estaba buscando en concreto. Solo encontraba biometrías de la planta, datos técnicos y turísticos y, quizá, bajo un epígrafe destacado en negrita del tipo “¿Sabías que…?”, el dato curioso que se supone que va a hacer que riadas de turistas de Madrid se desplacen a abrazar ese viejo árbol y llenen las casas rurales, para luego hacer cola frente al restaurante. Una foto del árbol que apenas le destaca de entre los de su especie o los de su bosque, y listo. Nada alentador.
Este volumen no es así. Aunque no deja de ser raro al tratarse de una guía, Árboles singulares puedes empezar a leerlo desde el principio e ir pasando capítulos como si se tratase de… No soy capaz de definir a qué podría parecerse. Quizá mejor describir lo que encuentras y que cada cual valore.
Cada capítulo está dedicado a un árbol en cuestión, que puede estar ubicado en cualquier provincia del territorio español. El arranque de cada uno es una preciosa y precisa acuarela de Nacho Sevilla en la página par, que muestra y destaca las hechuras del árbol. Y así comprendo, por enésima vez, la razón por la cual las guías son mucho más efectivas si una ilustración -con tanto de arte como de ciencia en ella- completa la descripción que si lo hace con una fotografía.
A la izquierda, datos, ubicación, nombre local del ejemplar -en tipografía grande- y subtítulo del capítulo.
Debajo y a tres columnas, generando un formato apaisado muy apropiado, arrancan los textos. Lejos de empezar con la descripción de la planta o con sus datos biológicos, el autor puede arrancarse con un verso de Pablo Milanés, en el que se detalla la dramática cita de dos políticos frente al inminente exilio o hablando de los animales que utilizan sus ramas, sus frutos o su sombra. Todo es posible saliendo de la pluma de César-Javier.
Basta leer el primer párrafo de cualquier capítulo para entender que el centro del libro no son los árboles, sino que los árboles, cada uno de los tratados, son el centro de todo lo que pasa a su alrededor.
La fauna que habita en, debajo, alrededor o guardando alguna relación con el árbol es la otra gran protagonista y esa es una parte reseñable del exquisito trabajo de Nacho Sevilla. Con sus pinceles y lápices, el artista plasma en imágenes todo el universo alrededor de esos viejos seres vivos de madera. Y es que, como decía antes, el árbol lo vertebra todo en el capítulo. Sin ceder al peso de lo humano que, al fin y al cabo, por muy venerada que sea la figurilla de la virgen coprotagonista coyuntural de un capítulo, no es nada al ponerla al lado de un acebuche y los 600 años que lo contemplan.
Las palabras de César-Javier cuentan el secreto y la vinculación de un búho real, las tropas de Napoleón y Colón con una especie del Mesozoico y de la que hay un ejemplar de gran porte en un parque de Madrid. Por el camino que yo he hecho en dos líneas y media, el autor te hace y deshace un par de leyendas, te deja un anzuelo con carnaza para que quieras saber más sobre la cadena que lo rodea, te da una lección -sin que te des cuenta- de historia y otra de biología, al tiempo que te propone un paseo. Y así con 45 árboles.
Todo ello con un espíritu romántico, en la palabra y la forma, transmitiendo con una manera de contar “de antes”, casi de gabinete de curiosidades e historia natural. Dan ganas de oler el libro, a ver si por casualidad ha estado almacenado en una vieja estantería elaborada con madera de cedro del Atlas. César-Javier conoce bien ese lenguaje de adjetivos acertados y creativos y despliega buen humor y ritmo en la narración. El sabor antiguo termina tajantemente al llegar a las últimas páginas, donde unos utilísimos códigos QR te llevan muy modernamente al cogollo de Google Maps donde ver en imágenes a cada uno de los protagonistas.
Este libro podría leerse como si fuera… ¡Ya lo sé! Leerlo como si fuera el cuaderno de campo elaborado con cariño y esmero por dos grandes naturalistas.
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