«Me tienen hasta la cloaca».
CARTA ABIERTA DE PECHI LUSCIDEZ A TODOS LOS FOTÓGRAFOS DE NATURALEZA.
Pechi Luscindez
Opinión 24/07/26
Tenéis todo mi aprecio, vaya eso por delante.

Fotógrafo preparado para hacer una fotomierda de las gordas a pocos metros del nido de unos trepadores azules.
Nunca entenderé esa paliza que os pegáis cargando esas cámaras del demonio para hacer el mismo cromo que mil personas hicieron antes, pero os respeto. Visto con los ojos cargados de dolorosa memoria, sois inmensamente preferibles a vuestros padres, que subían a estas cumbres y bajaban a aquellos valles, ríos y bosques acarreando objetos para hacernos daño. Sois infinitamente mejores que aquellos humanos que os precedieron con sus escopetas, carabinas, redes, ligas y costillas. Y, además, sois testigos de la belleza de lo que os rodea y vuestro éxito consiste en compartirla generosamente en redes sociales con los demás de vuestra especie. En el fondo sois buenos animales. En el piornal ni dios comparte una oruga con un congénere, a no ser que sea su propio pollo. Vamos, antes le saco los ojos a picotazos y los pincho en un espino albar.
En el fondo, os admiro con vuestros zooms, mochilas y cámaras trepando por las sendas. Con esas ropas estrambóticas con las que pensáis pasar desapercibidos. Respecto a este punto, la próxima vez que elijáis modelito al abrir vuestro ajuar de camuflajes tened en cuenta que los millones de años de evolución nos han preparado principalmente para detectar depredadores inmensamente más pequeños, más silenciosos y menos olorosos que vosotros. Yo ahí lo dejo. Que sí, que sé que la vestimenta os motiva y que esa idea mental de invisibilidad mejora -supuestamente- vuestro sigilo. Además, cada uno es libre de vestirse como quiera. ¡Qué risas me echaría yo si pudiese cambiarme de plumaje una mañana y aparecer en aquellos abedules con las pintas de un gavilán!
Los buenos fotógrafos sois buena gente. Aunque he de deciros que a nadie le gusta sentirse observado en todo momento. Ya quisiera yo ver como reaccionaríais si un día mientras copuláis en lo alto de una retama pillaseis a media docena de descerebrados fotografiándoos como si nunca lo hubiesen visto antes. Pero bueno, la mayoría nos respetáis. Y entiendo que queráis estar cerca de nosotros: somos tan adorables… Y, a pesar de todo, os contenéis y mantenéis la distancia. Bravo. Así es como se sabe quién es buen fotógrafo.
Por cierto, en realidad nunca os he visto copular en lo alto de una retama. ¿Dónde lo hacéis? ¿En los cardos en flor? ¿Dentro de las zarzas? Es que veo a los machos con sus grandes teleobjetivos en ristre en manadas o en solitario y a las hembras en pequeños grupos o, alguna vez, en compañía de un macho reproductor, pero lo que se dice copular, como que nunca lo he visto. Y mira que es bonita la primavera aquí arriba. A los de la subespecie montañerus si que les he pillado. Según apagan el Campingaz les da el frenesí. Pero los fotografinus nada: no parecéis demasiado interesados. Y, sin embargo, cada vez sois más. Así que copular, copuláis, pero en el piornal desde luego que no.
Y ese es precisamente el tema: cada vez sois más. Los nuevos, además de ansiosos y descuidados, pareciese que no hubiesen aprendido las normas básicas. No se vosotros, pero nosotros antes de dejar a nuestros pollos campar solos y a sus anchas, les hemos tenido unos días vigilados y enseñándoles un poquito lo más imprescindible para que no se metan en problemas. También para salir de ellos.
¿Nadie les explica que una buena foto no tiene por qué ser un primer plano donde se ve hasta la cutícula dañada del culmen? ¿Se os olvidó contarles el pacto no escrito de que vuestro sitio es el camino y que salirse de él nos pone en fuga? Es que luego se encabronan y empiezan a hacer tonterías para acercarse más. Lo digo por ellos. A nosotros, los pájaros, lo de volar se nos da bien, pero me han contado de algunos casos que ya les vale a los fotógrafos de medio pelo. Una alondra nos explicó, con ese acento tan del otro lado de los Pirineos que tienen, que en invierno ven cómo las gordas de las avutardas tienen que levantarse cada dos por tres porque alguien con cámara las espanta. ¡Con lo que les pesa el culo!
La verdad es que prefiero pensar que son novatos que no han leído los códigos éticos para fotógrafos de naturaleza, como el de AEFONA. Solo de pensar que fueran veteranos expertos se me pone el azul tirando a rojo ira.
Como esos que van reventándonos los tímpanos con sus altavoces reproduciendo cantos. Que una cosa es pegar un par de trinos para llamar nuestra atención, que ya me jode cuando me engañan. Como si no tuviera yo mil cosas que hacer, llevar comida al pico de todos mis pollos, por ejemplo. Y otra cosa bien distinta es freírnos las neuronas con un altavoz a todo volumen y no apagarlo hasta que el señorito ha conseguido la mierda foto que quería.
Sí, porque esa es una mierda foto. No es una fotografía que documente un comportamiento natural y real. Solo hay que ver todas esas imágenes de reyezuelos con la cresta levantada en invierno. Como si su vida sexual dependiese de cabrearse con un altavoz en pleno enero. ¡Con lo difícil que es conseguir energía en esas fechas y llega un capullo con su dispositivo para hacer otra mierda foto!
Pero los que realmente me tienen hasta la cloaca son los que consiguen matar a toda una pollada por hacer otra mierda foto. Estoy seguro de que les habéis dicho “no hagáis fotos a nidos”. Pero a lo mejor habría que explicarles algo más. Decidles que los progenitores tenemos por costumbre no acercarnos al nido si hay alguien peligroso cerca. Y vosotros, por mucha alma de naturalista y mucha devoción a la fauna que gastéis, sois un puto peligro sobre dos patas. Contadles que un pollo sin plumón dura bien poco si no le damos calor. Decidles también que nos puede entrar el canguelo de veros vigilando el nido y considerar que ya no es sitio seguro, lo que nos llevaría a abandonarlo y empezar de nuevo. Y que los depredadores son muy hábiles siguiendo vuestras trazas para dar con nuestros escondites.
Pero, sobre todo, contadles de mi parte a esos aprendices de fotógrafos, que estoy seguro de no equivocarme si digo que todas las aves del mundo, desde el gorrión común hasta el alcaudón de Santo Tomé, estamos muy hartas de que maten a nuestros pollos ya crecidos. Si, ellos, cegados por la codicia de tener una mierda foto más en su colección de desastres fotográficos causan verdaderas matanzas. Año tras año, hay un montón de desgraciados que deciden ser los Robert Capa de las aves y paliar el poco interés de las fotos que hacen acercándose a los nidos cuando los pollos ya son grandes. Joder, que Capa lo decía porque lo suyo era el reportaje de guerra.
El resultado es que todas las temporadas de cría se reportan casos de búhos chicos que saltaron demasiado pronto, polladas enteras de oropéndolas que no son ni volantonas, esparcidas por el suelo y destinadas a morir o nidadas arruinadas por la presencia constante de gente que se hacen llamar fotógrafos de naturaleza y que solo llegan a virus con cámara.
Por favor, decídselo si son vuestros amigos y amigas. Interrumpid su trabajo si los veis hacerlo mal. No dejéis pasar la ocasión de llamarles la atención en el campo o redes sociales.
Y no olvidéis decirles, de parte de Pechi Luscindez, que toda fotografía de fauna que se haya obtenido sin un mínimo de ética será, siempre, una foto mierda por muchos likes que obtuviera en redes sociales.
Un trino para todos vosotros.
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