Presentación de Biometría de un encuentro, de Carlos Lozano.
EL NIDO DEL GRAJO REABRE SUS PUERTAS CON ESTA CITA.
Javier Marquerie
El Nido + Vídeo 26/02/26
En ocasiones las cosas se suceden de manera automática. No es que sean casualidades. Los castillos de naipes se construyen siguiendo patrones arquitectónicos y luego llegan las coincidencias que le dan la toba a la primera carta y se desencadenan los acontecimientos. Y, a veces, gloriosos momentos, los resultados son tan preciosos como el que ocurrió el viernes 20 de febrero en El Nido de El Vuelo del Grajo.

No había sido la primera carta del mazo en colocarse. Para eso habría que remontarse a unos años antes. Pero si es la primera necesaria para contar esta historia. A principios de diciembre de 2024 Luis Alfonso Apausa presentaba su 30 imágenes y más de mil palabras, primer título de la editorial El Guardabosques, en El Nido de El Vuelo del Grajo. Al terminar, durante las conversaciones y charlas que se procuran en las citas de El Nido, Javier González, Felipe “Pipe” Nebreda y Nacho Sevilla, los editores, se interesaron por el futuro literario de Carlos Lozano, el cual había asistido a la cita. Esa noche los cuatro regresaron a sus casas sabiendo que la aventura de Biometría de un encuentro había comenzado.
Hace dos años y dos días, tomando como referencia la fecha del día del evento de esta crónica, el 18 de febrero de 2024, Carlos Lozano se sentaba con Pablo Caruana en El Nido para hablar sobre ¡Por todos los escribanos hortelanos! (BichoMalo ediciones 2023), su anterior trabajo.
Y ahora, todos, editores, autor y periodista, se volvían a encontrar para arrancar la nueva etapa de El Nido. Ellos cinco y otras 25 personas que hicieron el papel de público. ¿Cómo no iba a ser un momento precioso?
He dicho público por una carencia de vocabulario. No creo que sea el vocablo más adecuado. Todos los asistentes guardaban alguna relación entre ellos, con la obra que se presentaba o su trabajo por la conservación y la divulgación hacían que fuesen de sobra conocidos por el resto de los presentes. No era público, era la reunión de una buena manada bien coordinada.
¿Cómo decir “público” a los amigos que están ahí, apoyando y construyendo El Vuelo del Grajo? Esos compañeros de campo y de sarao, de viajes y tertulias y junto a los que sufro furiosos ataques de síndrome del impostor cuando despliegan conocimientos cada uno en su sector. Néstor Mira, Paco García, Óscar Llama, Dani Setien y Juan Carlos Quintana acudieron a la reunión, dando calor y calidad humana a la cita.
José Luis Copete y Kordiyeh Hamidi llegaron desde Barcelona, Luisa Abenza desde Soria y María Álvarez Orgaz, su hermana Sara y Eduardo Vicente Moreno se acercaron desde Fuenlabrada. Todos ellos como representación de los “biometrizados”, término utilizado para referirse a los protagonistas del libro. Nacho Sevilla, Elena Moreno y, de nuevo, María, lo hacían en calidad de ilustradores del volumen. Ellos y ellas son los indispensables.
También vinieron Rosa Martín Tristán y José Antonio Montero. Una, durante décadas desde cabeceras como El Mundo, El País o La Vanguardia y, otro, al frente de Quercus, informan sobre la realidad del medioambiente y su situación.
El sonidista y escritor Carlos de Hita, que De buenas a primeras antes nos alegraba los madrugones, siempre le da sonido a una buena parte de las películas que nos gustan y ahora nos llena la librería con una producción asombrosa de libros vinculados a lo sonoro, también se acercó para decirle a Carlos que su libro “será un punto de inflexión en la literatura de naturaleza española”. En el vídeo que ilustra esta crónica -y que es la crónica en si misma- habla también del arte de tejer telas de araña como amalgama para la nueva tribu. Es muy bonito oírle.
Una de las personas que más sabe de lo que se ha escrito y publicado en el pasado y presente y mucho de lo que aparecerá en el futuro en nuestro país es Rosario Toril. Responsable del Centro de Documentación del CENEAM (Centro Nacional de Educación Ambiental) y filóloga, contar con Rosario en cualquier tipo de evento relacionado con la naturaleza es siempre un absoluto placer. En esta ocasión nos presentó a Azucena López, que es la persona que está detrás de la comunicación en el Museo Nacional de Ciencias Naturales.
Y luego, Luis Miguel Domínguez: Naturalista, antropólogo, conservacionista, documentalista, viajero y luchador. Es, sobre todo, un hacedor. Hizo Lobo Marley y con ello echó el hormigón de los cimientos de la defensa sólida y moderna del lobo. Hizo auténticas joyas del documental, donde la etnografía, la cultura, la biología y la conservación se daban la mano. E hizo el Gabinete de Historia Natural, que es uno de los referentes de salón en los que nos inspiramos para sacarnos de la chistera El Nido. En esto, en que el activista Luismi acudiese a la presentación, en un biotopo semejante a su desaparecido Gabinete, quiero ver otro círculo que hace que todo cobre sentido.
El Nido, letras y vino.
Vamos a acometer un libro que tiene 493 páginas, empezó Pablo. Tras una breve disección técnica del volumen, se lanzó a una introducción adobada con el conocimiento de muchas lecturas e incontables crónicas y críticas escénicas escritas. Referencias que iban desde Audubon a Ignatius Farray, dando lugar a otra coincidencia que dejó lubricada la conversación. La charla va desde la curiosidad del periodista por eso que nos atrapa en el campo, a la literatura pura y la experiencia del viaje y la escritura durante el proceso de Carlos.
Y, por supuesto, los espejos y las reacciones de los protagonistas al verse reflejados en los textos de Carlos.
Escuchar a dos personas que saben manejar tan bien las palabras, las historias y como contarlas es, también, razón única para que El Nido tenga sentido.
La apuesta, de nuevo, era que la presentación la guiase alguien que se mueve entre letras para hablar de un libro y no perderse entre aves, espacios y amigos comunes. Una biometría del título y el autor con la regla de la literatura. Y los treinta que asistimos creo que ganamos una fortuna con dicha apuesta.
El vídeo que acompaña el artículo refleja bien ese diálogo a dos, a pesar de que se perdiese una parte por descuido técnico. Pero si está la parte final, con las intervenciones de biométrizados y otros asistentes.
Luego, tras la escucha, llegó la conversación, facilitada por estómagos y mentes llenas y el correr del vino. El momento en que todo encaja.
Ahora que se acerca el 5º aniversario de El Vuelo del Grajo, tengo la sensación de que ni en el mejor de los sueños sobre la evolución del proyecto pensamos que podríamos estar viviendo cosas así.
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