La pasión de Aitor o la danza de las avutardas

HABLAMOS DE AVUTARDAS, CONSERVACIÓN Y BAILES EN LA ZEPA139

La primera vez que vi a Aitor fue en el año 2015, en el escenario de la Sala de Teatro Cuarta Pared. Formaba parte del elenco de Atávico, una pieza de danza coreografiada por Poliana Lima. Yo todavía no sabía que Aitor era Aitor. En 2017, los grajos nos apuntamos a un paseo guiado por el río Manzanares, con su recién estrenada renaturalización, impulsada por Ecologistas en Acción y llevada a cabo por el Ayuntamiento de Madrid. Nuestro guía era Aitor.

El Vuelo del Grajo:Un paseo, unas cervezas en la glorieta de Legazpi y algunas confidencias al darnos cuenta de que compartíamos danzas y querencias aladas. Después de eso, ha habido algunos momentos más. Aitor es biólogo ambiental y no calla ni debajo del agua. Es visceral y guerrillero, pone puntos en las “íes” y los pies en el suelo. Le gustan las barricadas y pelea como nadie. Pero todo ese inconformismo viene del amor. Él ama todo lo que contempla y ha desarrollado esa sensibilidad especial que tienen los amantes de la contemplación. Lleva 30 años contemplando avutardas y habla de ellas bailando a su lado.

Llegamos tarde, ya había amanecido y Aitor nos esperaba con su telescopio Swarovski y un precioso regalo de bienvenida; al fondo un gran macho de avutarda común (Otis tarda) disfrazado de pompón blanco no paraba de coquetear y no paró durante horas, para deleite de las tres personas que allí estábamos boquiabiertas con su espectacular tamaño.

Aitor: “Yo la primera avutarda que vi bien vista fue en 1990, en el tren de cercanías antes de llegar a la estación de Zarzaquemada, en agosto, y era uno de estos machos grandes que en esas temporadas de verano, muchas veces, recorren antiguos territorios donde habitaban. Me quedé flipado… de repente vi ese pajarraco ahí desde la ventanilla del tren…”

La avutarda está asociada a un sistema que ya no existe; el sistema agrícola de secano extensivo, la ganadería extensiva, es decir, el mundo que creó las dehesas y las grandes estepas cerealistas

V.G.: Nos vamos a desayunar y comienzo con una pregunta general (como si pudiera responderme de manera general). Cuéntanos sobre la avutarda.

A:“La avutarda es el ave más pesada que puede volar, es un bicho espectacular… Es tan característico de un tipo de paisaje humano que básicamente es una especie asociada al hombre, pero asociada a un sistema que ya no existe; el sistema agrícola de secano extensivo, la ganadería extensiva, es decir, el mundo que creó las dehesas y las grandes estepas cerealistas que tenemos en España. Estamos hablando de un ave que puede pesar 14 kg y que tiene muy pocos depredadores naturales, que yo haya observado, únicamente águila real”

Allí donde hay avutardas los agricultores están cobrando unas primas muy interesantes solo por dejarlas en paz

V.G.:Nos cuenta también que después de prohibida su caza en 1980 la población de avutardas en Madrid se ha mantenido y representa aproximadamente el 3% de la población mundial de esta ave. China y la Península Ibérica tienen las poblaciones más abundantes, pero, a pesar de esto, el número está bajando. Oficialmente, está considerada como especie vulnerable por la UICN (Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza).

Le pregunto sobre el papel que tiene la especie dentro del ecosistema y me cuenta que la relación con su entorno es interesante, ya que, aunque no sea una especie clave en los sistemas esteparios, como pudiera ser el conejo o las calandrias, sí que parece ser una especie de paraguas para este tipo de hábitat. Proteger a la avutarda es, por tanto, proteger las estepas.

A:“Este es un hábitat con una riqueza de especies bastante grande y la protección de estos espacios es esencial. El verdadero problema está siendo la intensificación agraria, con el maldito uso de los herbicidas sistemáticos que acaba totalmente con los artrópodos y con la vegetación de los terrenos dónde ellas suelen vivir. El día que desaparezcan las avutardas habrá desaparecido todo lo demás”.

El macho empieza a dar vueltas y la hembra empieza a girar en torno a él como en un vals

La relación entre avutarda y agricultor…

A:“Mala. En realidad, el daño que pueden causar a la cosecha es mínimo, aunque puntualmente puede ser bastante frustrante ver toda la zona pisoteada, sobre todo si tienes un lek en tu cosecha, pero al mismo tiempo hay que tener en cuenta que todas estas actividades están subvencionadas y allí donde hay avutardas los agricultores están cobrando unas primas muy interesantes solo por dejarlas en paz”

V.G.:¡Venga! Vamos al lío, descríbenos sus danzas.

A:“Los machos se reúnen en una determinada zona y ahí compiten. En el caso de las avutardas esta competencia es hacer la rueda, que es un baile. Cuando dos ejemplares están muy parejos pueden pelearse y la pelea puede durar horas. Lo más impresionante son las patadas, a mí siempre me recuerdan a un par de luchadores de sumo vestidos con tutús jajajaj. El que gana establece un estatus en el que ya no hay más peleas y eligen su territorio.

La cópula ocurre en la periferia y la selección sexual es por parte de la hembra. Para estar realmente atractivos, los machos en la exhibición tienen que mostrar el trasero blanco y perfecto. Para conseguirlo se purgan comiendo escarabajos meloe, aceiteras, para quedarse sin ninguna mancha de excrementos alrededor de la cloaca. Antes de empezar se acicalan, agitan las alas hacia abajo y se limpian un poquito. En estas sacudidas empiezan a volcar las plumas y a prepararse. Luego se pavonean levantando la cola, mostrando ya las plumas blancas, y caminan exhibiéndose. Cuando ya creen que han captado suficientemente la atención, se paran, vuelven la cola, hinchan el buche, abren las alas y entonces ocurre la transformación; colocan todas las plumas del revés de la cola, levantan los bigotes hacia el cielo, echan la cabeza hacia atrás y se transforman en una bola blanca inmensa que baila. De ahí van oscilando, girando, pegando pequeños brincos hasta que alguna hembra se pueda interesar y ahí empieza lo que yo llamo el vals. El macho empieza a dar vueltas, la sensación es que hacen como una elipse y la hembra empieza a hacerlo en torno a él como en un vals. Todo esto tiene banda sonora a través de un canto bastante tenue, que suele ir siempre acompañado de un pequeño chasquido al final. En esos juegos el macho va tocando a la hembra con el ala y convenciéndola para ver si se agacha y entonces la pisa y le pone las patas en el dorso para yuxtaponer las cloacas. Ahí se acaba la intervención de los machos, el resto del trabajo de la reproducción lo realiza la hembra”

V.G.:¿Cuándo podemos observarlas?

A:“En la alborada están los cantos de todos los pajaritos al amanecer y es el mejor momento para ver las peleas y las cópulas, cuando ya se va pasando ese momento empezarán a volar las rapaces. Luego hace un calor terrible, lo mejor que puedes hacer es buscar una sombra. Después de eso empezará la tarde con los pajaritos otra vez, sobre todo los alaúdidos cantando y buscando artrópodos. Entonces todos los que comen insectos se ponen muy activos y acto seguido los que los cazan y otra vez a la puesta de sol los grupos de avutardas empiezan con los cantos, los celos… La época de observación es todo el año, pero principalmente entre febrero marzo e incluso diciembre. Las primeras ruedas se suelen ver a principios de marzo y ya para abril han ocurrido todas las peleas y están exhibiéndose. Entre quince días y un mes después las hembras desaparecen totalmente”

Al observarlas, lo importante es tener la vivencia del territorio y una interpretación de lo que estás viendo

V.G.:Observar la naturaleza y con ello a las avutardas de manera respetuosa no conlleva únicamente acatar un determinado código ético, sino que el resultado de hacerlo conviene en una suerte de aprendizaje y experiencia a la que no llegarías nunca si no asumieras esos principios. Y así lo ve Aitor.

A:“Lo primero es no salirse de los caminos jamás, porque estamos en un territorio en que los nidos están en el suelo y en unos terrenos donde muchos bichos han realizado sus primeras puestas. Tú no lo ves, pero si levantas a un aguilucho pálido tres o cuatro veces puede perder la puesta. Es muy importante respetar las distancias y, por supuesto, ser discretos, acercarse a ellas paulatinamente dándoles tiempo a acostumbrarse, ya que cuando tú las ves, ellas ya te han visto hace rato. De lo que se trata es de convencerlas de que no eres un peligro. Ante la duda van a huir.

Sobre todo, yo creo que lo importante es tener la vivencia del territorio y una interpretación de lo que estás viendo. Las excursiones que te llevan en un todoterreno y te enseñan los bichos te dicen muy poco, pero en cambio si tú te bajas del autobús y empiezas a caminar, un paseo de 4 horas se transforma casi en una aventura y te vas dando cuenta de cómo cambian las cuencas visuales suavemente, cómo ese paisaje levemente ondulado hace que haya puntos de intervisibilidad muy grandes. Buscando estos puntos, que es donde les gusta ponerse a ellas, puedes localizarlas a una distancia prudencial y verlas actuar como actúan normalmente, al tiempo que estás pisando el mismo terreno, viendo las huellas… ¡uf!, la vivencia es mucho más profunda de esa manera que la simple observación y te permite descubrir muchísimas más cosas que hay en estos paisajes”

V.G.:Tantas horas de observación con una mirada muy poco antropocéntrica despierta curiosamente nuestro lado más humano y bello, la creatividad. Aitor no puede no relacionar esta experiencia con el nuevo proyecto que tiene en su cabeza y nos hace una pequeña introducción sobre él.

A:“Mi primer proyecto artístico como bailarín empezó justo antes de que nos encerraran y de realizar algunos talleres con varias coreógrafas, que me llevaron a la conclusión de qué es lo que quería contar e investigar. Voy a hablar de mí, claro, pero en referencia a ellas. Por un lado, está una cosa muy íntima con mis relaciones con este sitio y mis relaciones amorosas y, por otro, una serie de vivencias muy personales que tienen también que ver con este quedarse sin espacio que les pasa a las avutardas aquí”

V.G.:A la espera de saber algo más y con Aitor -danza, pasiones y avutardas resonando en mi cabeza- iba yo muy lanzada e ilusionada, pero la realidad vuelve a darme en la cara al traer a mi teclado una frase de nuestra conversación. Puesto que esta abre otros caminos, que continuaremos más adelante, ponemos punto y aparte con ella:

“Hace unos años que se está empezando a notar en estas estepas cerealistas de la ZEPA 139 la primavera silenciosa”.

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