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IV Festival de los Vencejos en Alange.

Cuatro ediciones lleva este festival dedicado al ave del año y sus congéneres.

Ponentes de las jornadas técnicas junto a la alcaldesa y el teniente alcalde

Han vuelto los vencejos,
como ellos vuelven…¡siempre!:
con su alegre chillar el aire agitan
y el cielo, con su raudo ir y volverse,
al caer de la tarde cobrar vida parece.
Miguel de Unamuno

Alange es probablemente el único lugar de la Península Ibérica donde se pueden observar a cinco especies de vencejos. Cuatro de ellos, el común, el real, el cafre y el pálido, crían allí y, el quinto, el vencejo moro, ha sido citado en varias ocasiones. Un pueblo que adelanta la apertura del lavadero municipal -preciosa arquitectura popular de principios del siglo XX- para recibir a los participantes del IV Festival de Vencejos, es un pueblo que da pistas muy claras sobre su hospitalidad e importancia para con estas aves. Es un ejemplo de lo que debería ser la normalidad, el respeto a la naturaleza y nuestra implicación en su cuidado. Para muestra un botón: en el vídeo de promoción del Festival colaboran vecinos y vecinas de Alange y, además, está realizado por un joven ponente de la mesa redonda, también próximo a esta localidad. A esto se suma la presencia en la inauguración de la alcaldesa Julia Gutiérrez Dios.  El Festival se celebró durante los días 28 y 29 de mayo con diversas actividades como jornadas técnicas, rutas ornitológicas y talleres

El agua en general y el embalse en particular está muy presente en Alange.

El leitmotiv de este año ha sido la importancia del mundo rural como desarrollo de lo sostenible. En el mes de mayo, en Fitur, se otorgaron los premios de Turismo Sostenible y el balneario de Alange lo recibió en la categoría a la innovación en la cooperación público-privada. Es en el hotel de este balneario donde se han realizado las Jornadas Técnicas de esta edición. Un espacio lleno de vida en el que las hortensias te reciben en pleno apogeo y visten los pies de los plátanos de sombra que dan cobijo a jilgueros, pinzones, gorriones y varias parejas de oropéndolas, que acompañaron durante toda la mañana con sus saltos, vuelos y cantos. Algo a destacar de estas jornadas fue su amplio rango de aspectos tratados:lo científico, lo divulgativo, el asociacionismo voluntario, el modelo educativo práctico y el sector de turismo de naturaleza y desarrollo sostenible, dando como resultado una visión muy completa del estado de conservación de la especie y las opciones de protección directa que se pueden acometer. La nota más vital y alentadora la dieron los ponentes más jóvenes de la mañana. Aroa Domínguez, profesora del colegio de las Carmelitas de Cáceres, que habló del proyecto educativo “Vedruna. Amigos de los vencejos” y Luca García, joven artista, que resolvió de una manera sencilla y real una pregunta esencial: “¿Para qué valorar la naturaleza? Para disfrutarla, para compartirla en lugar de competir”. Por lo que se ve, para mirar al futuro de nuestras aves tenemos que mirar al futuro de nuestra especie. Es por eso que parte del público indispensable al que va dirigido el evento son los jóvenes y los más pequeños, que pudieron trabajar su creatividad y aprendizaje sobre las aves a través de los talleres, de una excursión rural pajarera y de los cuentacuentos que se realizaron.

La iglesia de Alange tiene una colonia de vencejo pálido y como vecinos varias parejas de grajillas y una de cernícalo común. Al atardecer, la atención se la llevó un ejemplar de nutria en el rio.

Al mismo tiempo que se desarrollaban las ponencias el día 28, una ruta ornitológica te llevaba a conocer a los cerca de 1.000 vencejos reales que nidifican en la presa y a todas las especies características del Cerro de la Culebra y del Embalse de Alange, que pertenecen a la ZEPA “Sierras Centrales y Embalse de Alange”. De los más característicos que se pudieron observar estaban el alimoche, el roquero solitario y la collalba negra, bajo el calor que ya iba avisando de la entrada del verano extremeño. Otras dos rutas conformaban el programa. La de la tarde del primer día, que ampliaba la visita a la ZEPA, en la que también se describió el paisaje característico que la compone y cuyo paseo acababa en la presa donde retozaba y disfrutaba del atardecer una pequeña nutria que quitó protagonismo a sus reales vecinos, que no paraban de chillar y demostrar sus capacidades acrobáticas. La otra, cerraba el Festival y visitaba la ribera del río Matachel en su tramo final, al encuentro con el Guadiana. No nos olvidamos del interesante curso de fotografía “Duelos con vencejos” en el que pudieron participar desde profesionales, amateurs, niños, jóvenes y público en general y que más de una edición ha dado alguna que otra sorpresa.

*Audio de lectura. Grabado en el parque público de Alange al amanecer. Tres oropéndolas dialogan por encima del estruendo de gorriones y jilgueros. De fondo, unos gallos nos recuerdan que Alange sigue teniendo sabor a pueblo.

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