DESTINO PAJARERO 15/12/23

La isla que no visitó Darwin, la descripción de especies y un vídeo de pajaritos.

APROVECHANDO QUE EL PINZÓN CANARIO HA PASADO A SER ESPECIE DIFERENCIADA, NOS DAMOS UN PASEO POR EL TENERIFE MÁS PAJARERO.

Los pajareros que saben de esto recomiendan a los nuevos aficionados a la observación de aves un destino para comenzar en el mundo de los viajes ornitológicos, un lugar donde los paisajes son diferentes y donde observar especímenes que solo allí se ven: desiertos y selvas relecticas, reptiles y aves endémicas e, importantísimo, aires nuevos que respirar. Todo ello, con la facilidad añadida del idioma: las Islas Canarias.

Saludemos a Pinzón canario como nueva especie.



Gracias a Sucesos en la naturaleza canaria, de Juan José Ramos (Bichomalo libros, 2021), sabemos que Darwin quería haber desembarcado en Tenerife. Le constaba, con datos fehacientes, la diversidad de su fauna y flora y sus diferencias con respecto a las continentales. Desgraciadamente, una vez hubieron fondeado el Beagle en la bahía, las autoridades no dejaron bajar al personal sin antes pasar una prolongada cuarentena. Reino Unido estaba bajo los rigores de la peste y el temor al contagio de la población isleña hizo el resto. El estupendo libro, anecdotario curioso y científico a partes iguales, deja caer la posibilidad de que el bueno de Charles -en el caso de que hubiese llegado a patear el Teide y los bosques de laurisilvas- elucubrase los principios de su teoría de la evolución al conocer lo que en la isla acontecía. ¿Y si los pinzones azules, las variedades locales y otras especies le hubiesen bastado para hacer sus razonamientos antes de haber visto los famosos 18 pinzones? 

Lo cierto es que hoy en día la avifauna de todo el archipiélago es un “a medio camino” entre unas cosas y las otras. Especies y subespecies sufren continuos cambios de estatus nominal, gracias a los quebraderos de cabeza de los taxónomos. Esto hace que los pajareros que visiten cualquiera de las islas estén obligados a fijar su atención en todas las aves residentes, sean o no excepcionales, ya que en cualquier momento puede que aquella subespecie de pinzón vulgar tan diferente que las habita, pase a ser especie diferenciada. Ya sabéis: líos de listas. Un sindios.


Mosquitero canario: probablemente el ave mas frecuente.

De pajareo por Tenerife

Si la literatura sobre Colón se hubiese limitado a explicar que el tal Cristóbal describió una tierra que nadie parecía conocer, ahora no se harían chistes sobre lo poco oportuno que es decir que alguien descubrió algo con, no sé, 300 millones de años, y que ya estaba habitado por seres humanos. 

Esa parece ser la diferencia entre “describir” y “descubrir”. Los naturalistas, con esa manía de la precisión científica, se limitan a decir lo que han visto y cuando. Y luego ya si eso llega otra persona o equipo de personas y decide que eso que describió ese alguien hace 200 años es diferente a todo lo visto. Pero nadie, absolutamente nadie, se atreve a descubrir nada que lleva ya unos millones de años por aquí.

Así, por ejemplo, Vieillot en 1817 dijo que había un pajarete muy parecido a los pinzones vulgares en Tenerife. Tan parecido era, a pesar de colores y tamaño notablemente más grande, que decidieron que se iba a llamar Fringillia coelebs canariensis y que era una subespecie del continental.

Y así ha sido hasta que hace muy poco las diferencias fisionómicas, estéticas, sonoras y genéticas han hecho que el coelebs volase y el Fringillia canariensis pasase a engrosar la lista de especies del mundo. Incluso tiene dos subespecies, radicadas una en La Palma y otra en El Hierro.

Los picapinos locales tienen el pecho de un gris muy llamativo. A la derecha, un ejemplar con un curioso plumaje.

Curiosamente, hace un par de años era el Petirrojo europeo (Erithacus rubecula), en su subespecie superbus, el que parecía en el disparadero para independizarse y convertirse en una nueva especie. Sin duda, el ave en cuestión tiene matices bien diferenciados a simple vista. El vientre es blanco nuclear, naranja el pecho y pardas las alas, manto y píleo están separados por una ancha y bien definida franja de un gris azulado. Aunque es igual de bullicioso, definitivamente, no tiene nada que ver su afabilidad con la de los ejemplares peninsulares, siendo más huidizo y, por lo general, más difícil de fotografiar.  

Otra ave canaria que físicamente parece considerablemente diferente a la de su especie nominal, es el pico picapinos (Dendrocopos major). La subespecie canariensis, que encontramos en los pinares de la corona forestal de Tenerife, tiene el pecho entre gris claro en unos ejemplares y negruzco carbonoso en otros. Pero, quizá su mayor diferencia se encuentre en lo relativo a su comportamiento social. Lejos de ser un gruñón territorial, incluso en invierno, estos pájaros tienen un notable comportamiento social y se los puede observar en pequeños grupos y sin problemas aparentes por compartir espacio con otras especies, como canarios o pinzones azules. Así, con lo dicho, lo mismo vas a visitar los pinares canarios y en una sola imagen te llevas el pack de tres.

Hablando de diferencias, la subespecie canaria bien diferenciada de la nominal es el reyezuelo sencillo. El Regulus regulus teneriffaese aleja de la imagen graciosa, simpática e inofensiva de los ejemplares de la variedad nominal. Con unos colores más contrastados y un aro ocular negro, este pajarillo pasa a tener un aspecto inquietante. Es como un bicho de la noche. Esto de los ojos negros y aparentemente más grandes le pasa también al petirrojo y al pinzón. Puede ser una apreciación y que no responda a dimensiones reales, pero mientras este detalle se comentaba ante la presencia de un reyezuelo, alguien muy solvente afirmó que bien podría ser que se hubieran desarrollado así ante las necesidades que genera vivir en un entorno tan oscuro como la laurisilva.

El herrerillo africano, otra singularidad. El reyezuelo sencillo y su peculiar expresión facial.

Los muy frecuentes mosquiteros canario, los desafiantes bisbitas caminero, las escasas palomas turqué y las preciosas, mágicas, huidizas, y tristemente escasas palomas rabiche, junto al mundo pardela y gaviota, completan el elenco indispensable de aves de Tenerife. 

Pero todo en Canarias, como bien dirá ese experto que recomienda al novel la visita al archipiélago, es particular. Casi todo allí es una subespecie y dejar que pase el tiempo captando las sutiles diferencias, un ejercicio de observación muy recomendable. Por ejemplo, los pequeños cuervos grandes (Corvus corax canariensis); los ligeros matices del busardo ratonero local (Buteo buteo insularum) o los difícilmente diferenciables cernícalos vulgares de las islas (Falco tinnunculus dacotiae).

Otra cuestión diferente es la tenebrosa experiencia de conocer una isla cuyas costas son un cinturón de ladrillo y cristal, sus bosques más carismáticos un par de manchas, y su Parque Nacional -El Teide- un parque de atracciones. Pero esa es otra guerra. Perdida, me temo. 

VÍDEO

Déjanos tu opinión

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Puedes utilizar estos HTML tags y atributos:

<a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <s> <strike> <strong>