Los piquituertos de la sal.

Luisa Abenza, rastreadora de fauna silvestre, vive en los pinares de Soria. Invierno tras invierno se topa con el lado oscuro -el que nadie quiere ver o que ni siquiera saben que existe- de la realidad de las acciones del ser humano.

Esparcir sal, como método para mejorar la seguridad vial cuando nieves y heladas están a la orden del día, es una de esas acciones que se llevan a cabo y que se dan por buenas por que “es lo que hay que hacer”. La sal es natural, aparentemente se disuelve en el agua y, si no se concentra demasiado, parece inocua. Es blanca en todos los sentidos. Y, obviamente, evita peligros para la vida de los humanos en sus fabulosos coches.

Basta echar un vistazo a la historia para darse cuenta de la barbaridad que seguimos ejecutando en España. Antiguamente, para disminuir la capacidad del ejercito enemigo se quemaban los cultivos que les servirían de alimento. La famosa estrategia de la tierra quemada. La alternativa a dar fuego cuando se quería generar daños más perdurables no era otra si no esparcir sal. Era más trabajoso, pero te asegurabas la hambruna del enemigo durante varios años.

En los países del norte de Europa -que de nieves y hielos algo saben- la sal se desterró y desde hace décadas se apuesta por el uso de gravilla fina. En Alemania este dañino sistema de descongelamiento está prohibido incluso para particulares que pueden conseguir una multa de hasta 10.000€

Pero nosotros seguimos erre que erre y sin medias tintas. Da lo mismo si es autopista que pista comarcal, el tráfico que lleve, que esté a la sombra o expuesta al sol, en recta o curva, llano o rampa. Si es invierno y puede helar: sal como si no hubiera un mañana.

Y hay daños numerosos colaterales tras nuestros bombardeos salinos.






27 diciembre 2019

Todavía calientes.

Todos los inviernos la misma escena un día tras otro. Los piquituertos bajan a la carretera a comer la porquería de sal que se desparrama continuamente para que nosotros podamos correr más en nuestra errática existencia.

Apartando los cadáveres podemos salvar la vida de alguno de los implicados en la terrible escena, siempre se quedan al lado de pareja desesperados.






29 de diciembre 2019

29 de diciembre, un sol maravilloso y las carreteras cargadas de innecesaria sal. Los piquituertos siguen muriendo por atropello al bajar a comer la sal. Si vemos algunas de estas aves muertas sobre el asfalto podemos apartar los cadáveres para evitar la muerte en cadena de sus parejas.






8 de marzo 2020

En estos extraños tiempos, en los que entre la mayor parte de la población reina una sensibilidad extrema ante algo tan natural como la sangre, la muerte o las vísceras, sorprende una falta de empatía absolutamente desproporcionada.

Reflexionemos:

-No estamos solos en este planeta y debemos ser respetuosos con todo ser vivo.

-La casi carencia de invierno, nieve y hielo hace absolutamente innecesaria la sal, además de existir otras medidas mucho menos dañinas.

-Ayudar a otras especies no daña al ser humano, por lo tanto, se puede hacer sin que se extinga la tan preciada especie.

Podría seguir editando esto largas horas…

Aparte de los numerosos atropellos de piquituertos en especial y otros animales de manera más puntual, lo que me cuesta de verdad comprender es el porqué de reacciones a la defensiva cuando se trata sencillamente de intentar ayudar a otras especies.

Este animal ha sido atropellado al ser atraído hacia la carretera debido al innecesario aporte de sal. Caen cientos a diario. En su pico, semillas de pino y sal. Probablemente otra vez me censuren la imagen, tampoco te dejan publicar ni una liebre depredada. ¿En qué tipo de seres absurdos nos estamos convirtiendo?

(Publicación realizada como contestación a una anterior en la que la autoría sufrió un aluvión de críticas irracionales. Nota EVdG)






22 de enero 2024

Los piquituertos y la sal, otra vez.

Hace unos años golpeé con el coche un precioso macho de piquituerto que permanecía en la carretera al reclamo de la sal, intenté esquivarlo y justo cuando parecía estar todo controlado, dio un quiebro. Colisionó y perdió la vida. Al parar pude ver a una hembra del mismo grupo volando alrededor muy nerviosa. Nunca podré saber si eran pareja, familia o simplemente parte del grupo. Retiré el cadáver ya que de lo contrario seguro que aquella hembra hubiera acabado en las mismas circunstancias.

Hoy he contado 17.

Lo mínimo que debemos hacer en estos casos es la retirada del cadáver para evitar otros atropellos, ya sea de otros piquituertos o de carroñeras que acudan al alimento. Lo óptimo es llamar al 112 para que avisen a las autoridades competentes (especificando que no es competencia de guardia civil de tráfico) y que se proceda a la recogida con el protocolo correspondiente. Al final, esas pequeñas cosas tienen resultados.






20 de febrero de 2024

Se me rompe la cabeza y se me revoluciona el tic del ojo intentando entender porqué somos así como especie.

Este es solo uno más de las decenas que veo a diario, la única razón por la que lo he fotografiado es porque lo he encontrado en el centro de un pueblo.

Y si, podemos lanzar sal con máquinas, limpiar pueblos y ciudades con máquinas ¿No podemos recoger la sal de las carreteras? Hace días que brilla el sol, apenas ni ha nevado este año, unas discretas heladas tiñen las mañanas de blanco y no hay riesgo en las carreteras.

La cantidad de muertes de fauna que se producen a diario es terrible y alarmante. Pero lo más alarmante es la indiferencia, el egoísmo y nuestra actitud.

Todos podemos hacer algo, vamos ya…






29 de febrero 2024

Cansada y triste.

Cansada y triste pero mejor que este piquituerto, a mí no me ha colisionado un coche.

A veces se me acumulan muertes, el dolor de los otros, la indiferencia. Y me peta la cabeza intentando entender por qué somos así, por qué hacemos tanto daño y por qué, además, vivimos sin más sin asumir la más mínima responsabilidad.

Me sirven las redes para vomitar la frustración y el rechazo hacia mi especie en general y así no terminar golpeando mis piernas de rabia. Hay días de todos los colores.

A parte de excretar por el teclado, haré lo que esté en mis manos y se me ocurra para intentar corregir o suavizar todo lo que haga daño a la vida de los que intentan vivir en el campo.

Lo que no se intenta es lo que nunca se consigue.

No entiendo nada más.

Ni siquiera ha llegado vivo al centro de recuperación.

Mierda ya.